El mundo de las tintas

Con anterioridad a la invención de la imprenta, las tintas que se utilizaban en la confección de libros y en los grabados xilográficos eran solubles en agua y su textura similar a las utilizadas en la escritura.

El nacimiento de la imprenta en el siglo XV dio un impulso decisivo a la composición de las tintas. En efecto, las tintas al agua al uso no eran plenamente adecuadas al nuevo tipo metálico ya que por su excesiva fluidez las reproducciones carecían de fuerza y resultaban poco homogéneas.

El genio de Gutenberg le llevó a experimentar con las pinturas al óleo de la época, preparadas a base de mezclar materias colorantes previamente molidas con aceite de linaza y secante de plomo (litargirio), obteniendo una pasta que era compatible con los tipos metálicos.

La técnica de calentar el aceite de linaza, ya conocida en la época romana, fue perfeccionada por los impresores del siglo XVI preparando barnices con diferentes compacidades según la temperatura de cocción aplicada, a los cuales se añadía el mencionado secante. En ocasiones, se modificaba el barniz con la adición de colofonia.

Esta receta es el embrión de las formulaciones de tinta que han llegado a nuestros días, con modificaciones y mejoras al compás de la evolución de las materias primas y de las técnicas de mezcla, molienda y dispersión.

Hasta finales del siglo XVIII, los impresores se preparaban las tintas para su propio consumo. Fue a comienzos del siglo XIX cuando se inició en un molino de Puteaux, situado en las cercanías de París, la primera fabricación industrial de tintas.

La introducción del procedimiento litográfico constituyó un nuevo impulso para la formulación de las tintas, adecuándolas a un sistema de impresión basado en el rechazo materia grasa/agua.

A finales del siglo XIX y comienzos del XX se consolidó la sustitución del procedimiento litográfico por el moderno offset.

Las exigencias operativas del offset, de la mano del progreso de la industria química con la aparición de nuevos pigmentos y resinas sintéticas, han hecho posible la espléndida realidad actual.

Paralelamente, y a partir del descubrimiento de la anilina en 1826, se desarrolló por disolución de colorantes sintéticos en alcohol una nueva formulación de tinta de naturaleza no grasa. Las tintas para huecograbado se obtenían con barnices a base de derivados de la colofonia en mezcla con disolventes, tales como el tolueno y el xileno.

A partir de la segunda mitad del siglo XX, la gran y continuada expansión de la Industria Gráfica -tanto en el campo de la edición y el impreso comercial como en el del envase y embalaje- ha dado lugar al desarrollo de una industria capaz de fabricar tintas de alta tecnología, a nivel de los sofisticados sistemas de impresión, clásicos y nuevos, que el progreso ha desarrollado.